Conviene decirlo sin rodeos, porque el niño ya lo sospecha: la tabla del 7 no tiene un patrón como el de la del 9 ni un atajo como el de la del 4. El 7 es primo y no se deja partir en pasos cómodos. Prometerle un truco que no existe le enseña a desconfiar de los que sí funcionan.
Lo que sí tiene es una consecuencia que cambia todo el trabajo. Como 7 × 3 y 3 × 7 son el mismo rectángulo girado, quien ya estudió el 1, el 10, el 2, el 5, el 4, el 3, el 9, el 6 y el 8 ya se sabe 7 × 1, 7 × 2, 7 × 3, 7 × 4, 7 × 5, 7 × 6, 7 × 8, 7 × 9 y 7 × 10. Nueve de diez. Lo único que ninguna otra tabla le pudo dar es la casilla donde el 7 se cruza consigo mismo.
Por eso el orden recomendado la deja para el final. La tabla del 7 no es difícil: es la última, y a la última siempre le toca cargar con lo que quedó suelto. Llegando en orden, lo que queda suelto es un solo dato.